Soñé que estaba en un mar. En un mar tranquilo, sin olas. Podía ir hasta el muelle o acercarme a la orilla sin temor a que el mar me encerrara. Sobre ese mar estaban las nubes –ah, ese estado cíclico del agua-. Salí de excursión en busca de ríos, pero pasaban los días y no encontraba ninguno. Invadida por la tristeza empecé a llorar. Yo las miraba y miraba y creía ver que ese mar, en realidad, estaba hecho de aquel agua caída de las nubes.

Entonces apareció un río, un río en el que me miraba y quién sabe si también él me miraba, como Narciso. Descubrí que yo misma había creado el río, que ese río nacía de mí. Que yo podía ser mi propia montaña. Y me di cuenta de que siendo yo misma la montaña, viendo mi reflejo en el río, observando el mar, todo estaba bien.

Soñé que si me dejaba llevar por el lado natural de las cosas, podría crear la naturaleza. 

Francisca Pageo. Septiembre 2014