Recuerdo estar sentada en el parque con mamá, papá, la abuela. Yo llevaba mi cámara encima y decidí hacer fotos a las cosas que más me llamasen la atención. 
Habían flores, nubes, árboles, matorrales.

Y me doy cuenta de cómo cada persona somos una flor, una planta, un árbol, cada una diferente de otra, pero cada una perteneciente a un grupo de ellas, a una familia. Me doy cuenta de que nacemos, florecemos, nos marchitamos; pero seguimos con vida, seguimos manteniendo esa esperanza de hacer brotar semillas, de seguir en esta naturaleza de la que provenimos y a la que también vamos.

¿Habrá algo más hermoso que escuchar la historia de una persona mayor? Lo está también en las sonrisas de las personas o en los ojos de un niño.

La naturaleza, como el alma, nos habla en parábolas. Y gracias a ellas, somos lo que somos y todo lo que podemos florecer desde nuestro interior y esa fuerza proveniente del sol llamada luz.

Septiembre 2014.
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