"Es bastante sencillo comprender que como artista necesito soledad y una especie de filosofía del no hacer nada que me permita soñar todo el día e hilar capítulos en olvidados ensueños que emergen años después en forma de narración. A este respecto, es imposible, puesto que es imposible que todos sean artistas, recomendar mi forma de vivir como una filosofía adecuada para todos los demás. Respecto a esto, soy un viejo ser extraño, como Rembrandt. Rembrandt era capaz de pintar a sus atareados burgueses mientras posaban, tras la comida, pero a medianoche mientras aquellos dormían para descansar y prepararse para un nuevo día de trabajo, el viejo Rembrandt estaba levantado en su estudio poniendo sobre sus lienzos ligeras pinceladas de oscuridad. Los burgueses no esperaban de Rembrandt que fuera otra cosa sino un pintor, y por ello no iban a llamar a su puerta a medianoche a preguntar ¿Por qué vives así, Rembrandt? ¿Por qué estás solo esta noche? ¿Qué sueñas? Y no esperaban que Rembrandt diera media vuelta y les contestara: Debéis vivir como yo, en la filosofía de la soledad, no hay otra forma. Así, del mismo modo, estaba yo a la búsqueda de una tranquila forma de vida dedicada a la contemplación y a las delicias de ella, por causa de mi arte –en mi caso, prosa, cuentos, divagaciones narrativas de lo que veía y cómo lo veía—, pero también busqué esto como una forma de vida, es decir, para contemplar el mundo desde el punto de vista de la soledad, y para meditar acerca del mundo sin embrollarme en sus acciones, que ya se han hecho para estas fechas, famosas por sus horrores y abominaciones. Deseaba ser un hombre del Tao, que mira las nubes y deja que la historia se enfurezca bajo él."


Ángeles de desolación, Jack Kerouac