"El otro día leí unos versos escritos por un pintor eminente que eran originales y no eran convencionales. El alma siempre escucha una advertencia en tales líneas, sin importar el tema del que traten. El sentimiento que inculcan es más valioso que cualquier pensamiento que contengan. Creer en tu propio pensamiento, creer que lo que es cierto en el fondo de tu corazón es cierto para todas las personas, eso es el genio. Expón tu convicción latente, y será el sentido del universo; puesto que lo interior con el debido tiempo se torna lo exterior, y nuestro primer pensamiento nos es devuelto por las trompetas del juicio final. Familiar como lo es la voz de la mente para cada quien, el máximo mérito que les atribuimos a Moisés, Platón, y a Milton es, que tuvieron en nada los libros y las tradiciones, y hablaron lo que pensaban ellos, no lo que pensaba la gente. La gente debería aprender a detectar y observar ese destello de luz que atraviesa su mente desde adentro, más que el brillo del firmamento de los bardos y los sabios. Mas desecha su pensamiento sin tomarlo en cuenta, sólo porque es suyo. En toda obra genial reconocemos nuestros propios pensamientos rechazados: nos son devueltos con una cierta majestad ajena. Esa es la lección más conmovedora que nos pueden dar las grandes obras de arte. Nos enseñan a morar en nuestra impresión espontánea con inflexibilidad jovial, más aún cuando todas las voces están del otro lado. Sino, mañana un extraño dirá con sensatez magistral precisamente lo que sentimos y pensamos todo el tiempo, y nos veremos forzados a tomar con vergüenza nuestra propia opinión de parte de otro.

Hay un momento en la educación de toda persona en que se llega a la convicción de que la envidia es ignorancia; que la imitación es suicida; que debe aceptarse a sí mismo, para bien, para mal, como suyo; que aunque el ancho mundo está lleno de bienes, no hay grano de maíz nutritivo que no le venga a través de la faena hecha en ese pedazo de tierra que se le dio para labrar. El poder que reside en la persona es nuevo en la naturaleza, y nadie sino ella sabe lo que puede hacer, ni ella sabe hasta que lo intenta. No es por nada que una cara, un carácter, un hecho, le impresionan tanto, y otros no. Esta escultura hecha en su memoria no carece de armonía preestablecida. El ojo se situó donde caería un rayo, para dar testimonio de ese rayo en particular. Nos expresamos a medias, y nos apenamos de esa idea divina que representamos cada uno de nosotros. Puede confiarse como armónica y de buenos principios, por lo que puede ser impartida fielmente, pero Dios no hace manifiesta su obra mediante cobardes. Un ser humano se siente aliviado y alegre cuando ha puesto su corazón en su obra y dado lo mejor de sí; pero cuando lo que haya dicho o hecho no sea así, no se sentirá en paz. Es una liberación que no libera. Al intentarlo, su genio lo abandona; ninguna musa se acerca; no hay creaciones ni esperanza.

Confía en ti mismo: todo corazón vibra con esa nota. Acepta el sitio que la divina providencia te asignó, la sociedad de tus contemporáneos, la conexión de los eventos. Las grandes personas siempre han hecho esto, y han confiado, como niños, en el genio de su era, negando su percepción de que lo completamente digno de confianza se asentaba en su corazón, que trabajaba con sus manos, que predominaba en todo su ser. Y ahora somos personas, y debemos aceptar con la mayor magnanimidad el mismo destino trascendental; no como menores o inválidos en un rincón seguro, ni como cobardes huyendo ante una revolución, sino como guías, redentores, y benefactores, obedeciendo el esfuerzo del todopoderoso, y avanzando hacia el caos y la oscuridad."

Autoconfianza, Ralph Waldo Emerson