“El hombre debe ser libre, libre y valiente. Libre hasta de la definición de libertad, sin impedimento alguno que no nazca de su propia constitución. Valiente, pues el temor nace siempre de la ignorancia. Es una vergüenza para el hombre que su tranquilidad en una época peligrosa se derive de la presunción de que, como los niños y las mujeres, pertenece a una clase protegida; o que busque una paz temporal, apartando sus pensamientos de la política o de las cuestiones engorrosas, ocultando su cabeza como el avestruz en los arbustos floridos; atisbando por los microscopios o traduciendo versos, como silva un niño para mantener su valor en la oscuridad. Lo que tengo que hacer es lo que me concierne, no lo que la gente cree. Esta regla, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, puede servir para establecer una distinción completa entre la grandeza y la mediocridad. Es muy difícil de seguir, porque siempre hallaréis personas que creen saber cuál es vuestro deber mejor que vosotros mismos.”

Ralph Waldo Emerson