"Mi querida amiga, el buen sentido nos dice que las cosas terrenales tienen una existencia muy corta y que sólo en los sueños se encuentra la verdadera realidad. Para digerir tanto la felicidad natural como la artificial, hay que tener antes la valentía de tragarla; pero quienes merecerían la dicha son precisamente aquellos a quienes la felicidad, tal como la entienden los mortales, siempre les ha producido el efecto de un vomitivo.
A los espíritus simples les resultará raro y hasta impertinente que un cuadro de voluptuosidades artificiales esté dedicado a una mujer, que es la fuente más habitual de las voluptuosidades más naturales. Pero es evidente que del mismo modo que el mundo natural penetra en el mundo espiritual y le sirve de alimento, contribuyendo así a que se produzca esa amalgama a la que llamamos nuestra individualidad, la mujer es el ser que proyecta más sombra o más luz en nuestros sueños. La mujer es fatalmente sugestiva, vive una vida distinta de la suya; vive espiritualmente en las imaginaciones que frecuenta y fecunda."

Prólogo de Los Paraísos Artificiales, Charles Baudelaire