Fotografías de Cristina Hoch


Esculturas de Not Vital













Sebbe, Babak Najafi (2010)
El verano está hecho para el insomnio, y el insomnio está hecho para leer, escribir y ver películas maravillosas.
1. El primer collage del mundo fue obra de Dios, cuando Jehová hizo a Eva de una costilla del hombre, a la luz del secto día de la creación en la fecha en que aún no estaba implantada la "semana inglesa" en el paraíso. ¿Qué otra cosa fue el Génesis sino un inmenso collage cósmico?
2. Después, el Bosco, Brueghel, Patinir y esos pacientísimos chinos que comen el arroz con palillos de dientes, anunciaron la aparición del collage como género artístico.
3. Ingres tocaba el violín muy mal y pintaba muy bien. Yo he derivado al collage como un refugio para aquella vitalidad no estrangulada, de pintos fracasado, que había dentro de mi espíritu.
4. La musa de collage, para mí la décima musa, es multípara y gran colonizadora de sueños. "El sueño de la razón produce monstruos", dijo Goya, el antecedente ibérico más genial, con "Los Caprichos", que ha tenido el collage en la pintura moderna.
5. La décima musa apareció ante mí hace ya muchos años. Su genealogía onírica entroncaba con Edgar Allan Poe. Su levitación alcanzaba el ápice volador de los diábolos. La altura récord de Bleriot. quiero afirmar que su pureza hacía presumir que no era una musa infiel ni, por lo tanto, bígama. Asistía a las salas de cine de la época cuando el celuloide proyectado era tan sordomudo como las mariposas. Visitaba los museos del mundo, cuando la pintura de historia triunfaba en la antología cromática de la paleta de Eduardo Rosales.
6. Mi décima musa murió en un sueño y, naturalmente, le hice autopsia con las tijeras que suele emplear en la creación de mis collages. Entonces descubrí el secreto anatómico de sus preferencias: la décima musa tenía dos corazones. En uno de ellos vivía el recuerdo de Jerónimo El Bosco. En el otro corazón vivía el recuerdo cinematográfico, plástico, vivo y real del gran realizador Murnau. ¿Líbreme de Dios tener más sueños!
7. El proceso formativo del collage es análogo al de gusano de seda en el interior de su cápsula maravillosa; hila continuamente e hilar delgado. Son imprescindibles las siguientes dotes: imaginación, memoria, si bien memoria visual, sentido plástico de las cosas, y un gran lirismo que nos evada del mundo de las formas representables. Las tijeras, como instrumento de trabajo, rivalizan con el alcaloide de la polilla.
8. Max Ernst es quien primero ha practicado, con el éxito que supone en Francia las ediciones de lujo para bibliófilos, el arte surrealista del collage. Pero si Max Ernst tiende a lo satánico yo aporto a mis trabajos aquellos elementos poéticos que me fluyen a las puntas de la tijera con la misma espontaneidad con que pudieran fluir a la punta de mi estilográfica.
9. Todos los collages tienen su resorte, su fisiología, su técnica. Técnica que he querido que sea, antes que de nadie, mía. Por ejemplo: hay momentos en que elaboro una poesía, trabajo rápidamente, para dejarla luego remansar, sin prisas para publicarla; y cada seis meses o cada año, mientras permanece inédita, sustituyo uno de los vocablos, con lo que me quedo tan satisfecho como si hubiera asistido al nacimiento de un nuevo hijo. Algo así me acontece con los collages. Los recluyo en mis carpetas, en una especie de lazareto de desinfección, con la esperanza de que algún día les expediré el correspondiente certificado de sanidad y me los publiquen.
10. He conseguido, creo yo, llevar el collage a la atmósfera de la filatelia, el virtuosismo mecánico del relojero, y la paciencia científica del entomólogo, aspirando a hacer deliciosamente habitable, con ríos y velocípedos, la retícula litográfica de un sello de correos de la Isla de San Mauricio.
11. Tres o cuatro mil piezas recortadas de litografías románticas, constituyen mi archivo, o mejor dicho, mi osario, puesto que representan la esqueletomáquia de mis libros.
12. Grandes dunas de arena aventadas por el simún del desierto es lo que precisa el collage, a manera de pirámide egipcia, para tomar altitud y longitud de maravilla pétrea semienterrada. Y esta es la verdadera muralla de la China que el milagro de aislarme de mis posibles imitadores.
13. Para "La Nature", L'Ilustration y las ediciones de Julio Verne mis tijeras son como la polilla de la litografía. Después de todo, son elementos románticos que han permanecido, treinta o cuarenta años en el reposo de las ediciones que fueron contemporáneas de los idilios de nuestros padres.
14. El collage es un despiste del sentido visual análogo al trabalenguas. El collage es el trabaojos.
15. Algunos collages, una vez terminados, son como mapas nocturnos, con riberas fantasmales, llenos de ríos sin aguas, de largos horizontes eruptivos, como un continente sumergido y pasado por el éter del tiempo. Seres de una forma astral con esa raya medular y morbosa de la magia. Libélulas de lagos antidiluvianos, ruinas de grabados antiguos, anchos cielos nubosos. Parejas conturbadoras con besos lascivos, de labios que supieran muy cerca la calavera hamletiena.
16. Allá por el año 1929 comencé mis escarceos en este arte. Uno de mis primeros collages fue Homenaje a Bécquer. Se me ocurrió, por ese fondo de acuario que llevo dentro de mí en el que, si no desovan ballenas antárticas, si dejan sus huevos, al socaire de los bancos de coral, billones y billones de peces de colores.
17. Pero si no recuerdo bien cual fue mi primer collage, el último, sin duda, será aquel que hagan -técnica de Valdés Leal- los gusanos con mi cuerpo.

Pensamientos de Adriano del Valle para su libro de collages Sésamo, abrete.










Three cheers for the whale, Chris Marker (1972)











God of Love, Luke Matheny (2010)












Fotografías de Gui Mohallem