"Un espectro anda al acecho entre nosotros y sólo unos pocos lo han visto con claridad: una sociedad completamente mecanizada, dedicada a la máxima producción y al máximo consumo de materiales y dirigida por máquinas computadoras. En el consiguiente proceso social, el hombre mismo, bien alimentado y divertido, aunque pasivo, apagado y poco sentimental, está siendo transformado en una parte de la maquinaria total. Con la victoria de la nueva sociedad, el individualismo y la privacía desaparecerán, los sentimientos hacia los demás serán dirigidos por condicionamiento psicológico y otros expedientes de igual índole, o por drogas, las que tambíén proporcionarán una nueva clase de experiencia introspectiva. Como Zbigniew Brzezinski lo indica: "en la sociedad tecnetrónica, el rumbo al parecer lo marcará la suma del apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caerá facilmente dentro del radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotarán de modo efectivo las técnicas más recientes de comunicación para manipular las emociones y controlar la razón". Esta nueva forma de sociedad ha sido vaticinada en la literatura de ficción por Orwell en "1984" y por Aldous Huxley en "un mundo feliz". Quizá el aspecto más ominoso de lo anterior sea hoy que parecemos perder el control de nuestro propio sistema. Cumplimos las decisiones que los cálculos de nuestras computadoras elaboran para nosotros. Como seres humanos no tenemos más fines que producir y consumir más y más. No queremos nada ni dejamos de quereer algo. Las armas nucleares amenazan con extinguirnos y la pasividad -que nuestra exclusión de las decisiones responsables engendra-, con matarnos internamente"

La revolución de la esperanza, Erich Fromm