"Tengo pensamientos que, si pudiera encarnarlos y darles vida, darían un nuevo brillo a las estrellas, una nueva belleza al mundo y un amor más grande al corazón del hombre.

¿Porqué soy tan infeliz? Por que soy lo que no debería ser. Porque la mitad de mí es lo opuesto de la otra mitad, y el triunfo de una es la derrota de la otra, y la derrota es sufrimiento: mi sufrimiento, siempre.

Una parte de mí es grande y noble, la otra es pequeña y vil. Las dos son parte de mí. Cuando mi parte grandiosa triunfa, yo sufro porque la otra parte -que también es verdaderamente yo, que no he conseguido sacar de mí- siente dolor. Cuando la parte innoble de mí mismo triunfa, la noble sufre y se lamenta. Lágrimas nobles o innobles, siguen siendo lágrimas.

Cuando oigo hablar del aumento del vicio, de la lujuria, de la depravación, me lleno de un dolor inefable, de una rabia profunda. ¿Por qué esta rebelión? Porque no todo en mí es rabia, sólo una parte -la de la gandeza, verdaderamente, la noble, verdaderamente. Pero la otra parte de mí, aunque escondida, está exultante. Por eso es mi rabia tan grande: es la rabia de la guerra y de la guerra civil, todo en uno. Sufro porque no soy verdaderamente bueno.

Me consumo profundamente por un amor infinito a la humanidad, por un firme deseo de hacer el bien, de defender a los débiles, de hacer milagros.

A menudo, cuando me siento tan débil de voluntad, tan indeciso en mis propósitos, me digo: voy a abandonar todas estas ideas de altruismo; tal vez así no disfrute la vida, pero al menos no me preocuparé por nada, lo abandonaré todo.
Pero no puedo, afortunadamente, no puedo.
Hay más bien que mal en mí.

¿Son estos mis pensamientos? ¿Cuáles serán mis acciones en el futuro? ¡Horror, horror, horror! La duda.

Sé que nunca prostituiré con vicio o lujuria el talento que tengo. Sé que nunca venderé falsedades. Pero, los actos de mi vida, los privados, aquellos que son íntimos, ¿serán buenos y puros? ¿qué me guarda el futuro? ¿el futuro de qué perdida o de qué triunfo soy yo?"

Noviembre de 1907, Diarios, Fernando Pessoa