“Un día te darás cuenta de que las parejas no se encuentran por puro azar: una conciencia sobrehumana las une con obstinados designios. Piensa en las extrañas coincidencias que hacen que tú llegues al mundo. Sara es huérfana de padre. A Jaime también se le muere el padre. Tu abuela materna, Jashe, pierde a José, su hijo de 14 años, fallecido por comer una lechuga regada con aguas infectas, lo cual la perturba mentalmente para toda la vida. Tu abuela paterna, Teresa, pierde también a su hijo preferido, ahogado en una crecida del Dnieper, a los 14 años, lo que la vuelve loca. La media-hermana de tu madre, Fanny, se casa con su primo José, vendedor de gasolina. La hermana de tu padre, también Fanny, se casa con un garajista. El otro medio hermano de Sara, Isidoro, femenino, cruel, solitario, terminará soltero viviendo con su madre en una casa que él mismo, como arquitecto, le diseña. Benjamín, homosexual, cruel, solitario, vivirá en pareja con su madre, compartiendo el mismo lecho, hasta la muerte de aquélla y perecerá un año después de su entierro. Se diría que una familia es el reflejo de la otra. Tanto Jaime como Sara son niños abandonados persiguiendo sin cesar el inexistente amor de sus padres. Lo que a ellos les han hecho te lo están haciendo a ti. A menos que te rebeles, a los hijos que vas a tener has de hacerles lo mismo. Los sufrimientos familiares, como eslabones de una cadena, se repiten de generación en generación, hasta que un descendiente, en este caso quizás tú, se hace consciente y convierte su maldición en bendición”

La danza de la realidad, Alejandro Jodorowsky