“Si en el mundo onírico nos damos cuenta de que estamos soñando, en el mundo diurno, atrapados en el limitado concepto de nosotros mismos, debemos echar por la borda las ideas y sentimientos preconcebidos para, con el espíritu desnudo, sumergirnos en la esencia. Una vez conseguida esta lucidez, tendremos libertad para actuar sobre la realidad, sabiendo que, si sólo tratamos de satisfacer nuestros deseos egoístas, seremos arrastrados por el torbellino de las emociones, perderemos la ecuanimidad, el control y, por lo tanto, la posibilidad de ser nosotros mismos actuando en el nivel de conciencia que nos corresponde. En el sueño lúcido se aprende que todo aquello que se desea con verdadera intensidad, es decir con fe, después de una espera paciente, se realiza. Sabiendo esto, debemos dejar de vivir como niños, siempre pidiendo, para vivir como adultos, invirtiendo nuestro capital vital.”

La danza de la realidad, Alejandro Jodoroswky