"No existe sociedad que no conspire contra la condición humana de cada uno de sus miembros. La sociedad es una empresa de capitales cuyos integrantes, con el fin de asegurarse mejor el pan de cada accionista, deciden de común acuerdo renunciar a la libertad y la cultura de quien soporta sus gastos, la virtud más exigida es la aquiesciencia. La confianza en uno mismo es aborrecida. No gusta de la realidad ni de los creadores, sino de nombres y costumbres.

¿Es acaso tan terrible no ser comprendido? Pitágoras no fue entendido, ni Sócrates, ni Jesús, ni Lutero; y tampoco lo fueron Copérnico, Galileo o Newton, ni ninguno de los espíritus puros y sabios que han pisado la tierra. Ser grande es ser mal comprendido.

Cuando todos sepamos vivir según nuestro leal saber y entender, el brillo de las acciones de los reyes pasará a las de los hombres honestos.

¿En qué consiste ese Yo primigenio en el que cabe cifrar la fuente de la confianza universal? La investigación nos conduce hasta esa fuente que es a la vez la esencia del espíritu, de la virtud y de la vida, a la que denominamos Espontaneidad o Instinto. A esta sabiduría primordial la llamamos Intuición.

El hombre es pusilánime y proclive a las disculpas. Como le falta firmeza para decir “yo pienso”, “yo soy”, cita a cualquier santo o sabio.

Lo que amamos, eso es lo que tenemos; pero con el deseo nos privamos del amor.”

R.W.Emerson