"La vida del artista está necesariamente llena de conflictos, luchando en él dos potencias: el hombre común con sus autorizadas pretensiones a la felicidad, satisfacción y seguridad vital, por un lado, y la pasión creativa, sin miramientos, por el otro, la cual, si se diera el caso, huella en el polvo todos los deseos personales. Por tanto conmueve que el destino personal de la vida de tantos artistas sea tan enteramente insatisfactorio, en verdad trágico, acaso no por una providencia oscura sino por inferioridad, o insuficiente capacidad de adaptación, de su personalidad humana. Raramente hay un hombre creativo que no deba pagar cara la divina chispa de poder. Es como si cada uno naciera con un cierto capital limitado de energía de vida. Lo más fuerte en él, justamente lo creativo, tomará para sí la mayor parte de energía, si es realmente un artista, y para el resto queda remanente demasiado poco como para que de ello pudiese desarrollarse todavía cualquier valor especial. Por lo contrario, lo humano es desangrado a favor de lo creativo, a menudo de manera tal que sólo puede aún vivir sobre un nivel primitivo, o rebajado de alguna otra forma. Esto se exterioriza a menudo como infantilidad o irreflexión, o como candido egoísmo, falto de miramientos (llamado "autoerotismo"), como vanidad u otras faltas. Estas inferioridades están repletas de sentido, por cuanto únicamente de esta manera puede ser aportada al yo suficiente fuerza vital. Precisa de estas formas bajas de vida, porque de otro modo perecería por completa expoliación. El autoerotismo personal de ciertos artistas puede ser comparado al de esos niños ilegítimos, o descuidados de alguna otra forma, que ya tempranamente deben protegerse por medio de malas cualidades contra la acción destructora de un entorno vacío de amor. Tales niños, en efecto, fácilmente se convierten en naturalezas desconsideradamente autistas, ya pasivamente porque queden toda la vida infantiles y sin recursos, ya activamente porque ofendan moral y ley.

Es bien evidente que el artista debe ser explicado a partir de su arte, y no a partir de las insuficiencias de su naturaleza y a partir de sus conflictos personales, que representan meros lamentables fenómenos consecuentes del hecho de ser él un artista, es decir, un hombre a quien le fue impuesta una carga mayor que al mortal común. El poder más exige también un mayor gasto de energía, por cuya causa el más de un lado solamente puede ser acompañado por un menos del otro.

Que el poeta sepa, ahora, que su obra es engendrada, crece y madura en él, o que se figure que conforma invención propia por propia intención, en nada altera el hecho de que en realidad la obra crece de él. Se comporta como un niño con la madre. La psicología de lo creativo es realmente psicología femenina, pues la obra creativa crece hacia arriba desde profundidades inconscientes, muy en realidad desde el reino de las madres. Si prepondera lo creativo, prepondera lo inconsciente como fuerza conformadora de vida y destino frente a la voluntad consciente, y la conciencia es arrastrada por la violencia de una corriente subterránea, espectador a menudo sin recursos de los acontecimientos."

Formaciones de lo inconsciente, Carl Gustav Jung