"Nada se repite, nada retorna jamás, solo la venida misma, que nunca es la misma -que es el retorno de lo mismo indefinidamente alterado. Lo que fue fragmentado no será reconstituido, reconstituido o reengendrado- sino por aquellos para quienes el arte consistiría en remedar un cosmos ausente, desdeñando el acontecimiento del mundo.
Lo que ha sido fragmentado -una cierta configuración del arte y de la obra, una cierta cosmética de lo bello y de lo sublime-, tampoco ha desaparecido simplemente entre sus destellos. Antes que nada deberíamos saber qué es lo que queda en los destellos: ¿dónde está lo bello en los destellos de lo bello? ¿cómo prorrumpe en destellos? O bien, y suponiendo que no quede nada, habría que preguntarse, suponiendo que la fragmentación haya propiamente dislocado la esencia a la cual ha sobrevenido, si esta esencia no se ha liberado, arrojado y proyectado ella misma, ofrecida en cuanto aquello que, invirtiendo la frase de Mandelbrot, debería llamarse una “esencia fractal”. Para decirlo aún con otros términos: de una cosmética fragmentada a la estética como apertura sensible, y más allá, a la permanencia frágil del arte en la deriva de lo mundial ¿qué paso, qué sentido?
Habría que intentar distinguir dos fragmentaciones una de la otra. Por una parte la que corresponde al género y al arte del fragmento, cuya historia se cierra ante nuestros ojos, y por otra parte la que nos alcanza, y alcanza al arte."

Teoría del arte, E. Gombrich