Fotografías de Alvis Hamilton


Trabajo de Idris Khan
"Only on condition of a radical widening of definition will it be possible for art and activities related to art to provide evidence that art is now the only evolutionary-revolutionary power. only art is capable of dismantling the repressive effects of a senile social system that continues to totter along the deathline: to dismantle in order to build a social organism as a work of art.

This most modern art discipline – social sculpture/social architecture – will only reach fruition when every living person becomes a creator, a sculptor, or architect of the social organism.

Only then would the insistence on participation of the action art of fluxus and happening be fulfilled; only then would democracy be fully realized. only a conception of art revolutionized to this degree can turn into a politically productive force, coursing through each person, and shaping history.

But all this, and much that is as yet unexplored, has first to form part of our consciousness: insight is needed into objective connections. we must probe (theory of knowledge) the moment of origin of free individual productive potency (creativity).

We then reach the threshold where the human being experiences himself primarily as a spiritual being, where his supreme achievements (work of art), his active thinking, his active feeling, his active will, and their higher forms, can be apprehended as sculptural generative means, corresponding to the exploded concepts of sculpture divided into its elements – indefinite – movement – definite, and are then recognized as flowing in the direction that is shaping the content of the world right through into the future.

This is the concept of art that carries within itself not only the revolutionizing of the historic bourgeois concept of knowledge (materialism, positivism), but also of religious activity.

Every human being is an artist who – from his state of freedom – the position of freedom that he experiences at first-hand - learns to determine the other positions in the total artwork of the future social order!"

I am searching for a field character, Joseph Beuys (1974)

Plumas de Golly Bard







Fotografías extraídas de Christopher Woolford, y "Sunshine on our future old house", de Pau Vallvé; la canción más bonita de todas las bonitas que he escuchado últimamente; y que podéis escuchar dentro del recopilatorio otoñal que he creado AQUÍ.






Fotografías de Lukas Wierzbowski. Ya lo puse hace un tiempo por aquí; pero estas fotos que sinceramente me encantan no, así que con mucho gusto lo recomiendo de nuevo. Me da la impresión y tengo el presentimiento de que este polaco en unos años va a valer millones.




Equs, de Tim Flach


Pinturas de Louis le Brocquy
"Nada se repite, nada retorna jamás, solo la venida misma, que nunca es la misma -que es el retorno de lo mismo indefinidamente alterado. Lo que fue fragmentado no será reconstituido, reconstituido o reengendrado- sino por aquellos para quienes el arte consistiría en remedar un cosmos ausente, desdeñando el acontecimiento del mundo.
Lo que ha sido fragmentado -una cierta configuración del arte y de la obra, una cierta cosmética de lo bello y de lo sublime-, tampoco ha desaparecido simplemente entre sus destellos. Antes que nada deberíamos saber qué es lo que queda en los destellos: ¿dónde está lo bello en los destellos de lo bello? ¿cómo prorrumpe en destellos? O bien, y suponiendo que no quede nada, habría que preguntarse, suponiendo que la fragmentación haya propiamente dislocado la esencia a la cual ha sobrevenido, si esta esencia no se ha liberado, arrojado y proyectado ella misma, ofrecida en cuanto aquello que, invirtiendo la frase de Mandelbrot, debería llamarse una “esencia fractal”. Para decirlo aún con otros términos: de una cosmética fragmentada a la estética como apertura sensible, y más allá, a la permanencia frágil del arte en la deriva de lo mundial ¿qué paso, qué sentido?
Habría que intentar distinguir dos fragmentaciones una de la otra. Por una parte la que corresponde al género y al arte del fragmento, cuya historia se cierra ante nuestros ojos, y por otra parte la que nos alcanza, y alcanza al arte."

Teoría del arte, E. Gombrich


The last resort, de Hanne Ulla




Rusland, de Nicolai Howalt







Fotografías de Elinor Carucci




Landscapes Deconstructed, de Ingvar Kenne



Delicado y preci(o)so el trabajo de Palden Weinreb
"Nuestro estudio de la felicidad no nos ha enseñado hasta ahora mucho que exceda de lo conocido por todo el mundo. Las perspectivas de descubrir algo nuevo tampoco parecen ser más promisorias, aunque continuemos la indagación, preguntándonos por qué al hombre le resulta tan difícil ser feliz. Ya hemos respondido al señalar las tres fuentes del humano sufrimiento: la supremacía de la Naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad. En lo que a las dos primeras se refiere, nuestro juicio no puede vacilar mucho, pues nos vemos obligados a reconocerlas y a inclinarnos ante lo inevitable. Jamás llegaremos a dominar completamente la Naturaleza; nuestro organismo, que forma parte de ella, siempre será perecedero y limitado en su capacidad de adaptación y rendimiento. Pero esta comprobación no es, en modo alguno, descorazonante; por el contrario, señala la dirección a nuestra actividad. Podemos al menos superar algunos pesares, aunque no todos; otros logramos mitigarlos: varios milenios de experiencia nos han convencido de ello. Muy distinta es nuestra actitud frente al tercer motivo de sufrimiento, el de origen social. Nos negamos en absoluto a aceptarlo: no atinamos a comprender por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado no habrían de representar más bien protección y bienestar para todos. Sin embargo, si consideramos cuán pésimo resultado hemos obtenido precisamente en este sector de la prevención contra el sufrimiento, comenzamos a sospechar que también aquí podría ocultarse una porción de la indomable naturaleza, tratándose esta vez de nuestra propia constitución psíquica.
A punto de ocuparnos en esta eventualidad, nos topamos con una afirmación tan sorprendente que retiene nuestra atención. Según ella, nuestra llamada cultura llevaría gran parte de la culpa por la miseria que sufrimos, y podríamos ser mucho mas felices si la abandonásemos para retornar a condiciones de vida más primitivas. Califico de sorprendente esta aseveración, porque -cualquiera sea el sentido que se dé al concepto de cultura- es innegable que todos los recursos con los cuales intentamos defendernos contra los sufrimientos amenazantes proceden precisamente de esa cultura.
¿Por qué caminos habrán llegado tantos hombres a esta extraña actitud de hostilidad contra la cultura? Creo que un profundo y antiguo disconformismo con el respectivo estado cultural constituyó el terreno en que determinadas circunstancias históricas hicieron germinar la condenación de aquélla. Me parece que alcanzo a identificar el último y el penúltimo de estos motivos, pero mi erudición no basta para perseguir más lejos la cadena de los mismos en la historia de la especie humana. En el triunfo del cristianismo sobre las religiones paganas ya debe haber intervenido tal factor anticultural, teniendo en cuenta su íntima afinidad con la depreciación de la vida terrenal implícita en la doctrina cristiana. El penúltimo motivo surgió cuando al extenderse los viajes de exploración se entabló contacto con razas y pueblos primitivos. Los europeos, observando superficialmente e interpretando de manera equívoca sus usos y costumbres, imaginaron que esos pueblos llevaban una vida simple, modesta y feliz, que debía parecer inalcanzable a los exploradores de nivel cultural más elevado. La experiencia ulterior ha rectificado muchos de estos juicios, pues en múltiples casos se había atribuido tal facilitación de la vida a la falta de complicadas exigencias culturales, cuando en realidad obedecía a la generosidad de la Naturaleza y a la cómoda satisfacción de las necesidades elementales. En cuanto a la última de aquellas motivaciones históricas, la conocemos bien de cerca: se produjo cuando el hombre aprendió a comprender el mecanismo de las neurosis, que amenazan socavar el exiguo resto de felicidad accesible a la humanidad civilizada. Comprobóse así que el ser humano cae en la neurosis porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura, deduciéndose de ello que sería posible reconquistar las perspectivas de ser feliz, eliminando o atenuando en grado sumo estas exigencias culturales."

El malestar de la cultura, Sigmund Freud

El mejor video que he visto en meses.


Fotografías de Davide Bignotti