"¡Ah! -dijo la señorita Greyling, eligiendo ese momento para arreglarse el peinado-. La ciencia, queridas mías, es la disección sistemática de la naturaleza, para reducirla a componentes que obedecen en mayor o menor medida unas leyes universales. La hechicería se mueve en dirección opuesta. No desgarra, sino que repara. Es síntesis, más que análisis. Construye cosas nuevas, en lugar de revelar las antiguas. En manos de una persona verdaderamente hábil -en ese preciso instante, se pinchó con una horquilla y soltó un chillido-, la hechicería es arte. Podríamos incluso considerarla la mejor o más elevada de las artes. Va más allá de las bellas artes, como la pintura, el teatro o la poesía, porque no interpreta ni representa al mundo, sino que lo transforma. Una vocación muy noble -añadió, mientras comenzaba a derramar lágrimas por la fuerza de su propia retórica-. ¿Puede haber deseo más elevado que el de cambiar el mundo? No hablo de formular proyectos utópicos, sino de ordenar realmente el cambio. ¡Corregir las deformidades, reformar los errores, justificar los márgenes de esta andrajosa equivocación de universo! ¡Sobrevivir a través de la hechicería!"

Wicked, Gregory Maguire.
Releyéndolo de nuevo y disfrutándolo como una niña estas noches de verano.