“Hasta hace poco no me he dado cuenta realmente de que el ser humano, esa masa de apariencia tan sólida, en realidad es una cosa débil y blanda, un objeto que al más mínimo golpe o choque se desmorona con gran facilidad.

Es un milagro que esa cosa, inconsistente como un huevo crudo, haya conseguido desarrollar, también hoy, sus propias funciones y pasar indemne a través de la vida. Es un milagro que todos mis conocidos y todas las personas a las que quiero hayan conseguido llegar al final de su jornada sanos y salvos pese a manejar un gran número de instrumentos enormemente peligrosos. Después de haber formulado este pensamiento por primera vez, no he conseguido liberarme de él.

Todavía hoy, cada vez que se muere una persona que conozco, cada vez que asisto a los llantos y al sufrimiento de los que quedan, pienso, por supuesto, en lo terrible que es acabar así. Sin embargo, la muerte me parece menos sorprendente que el hecho milagroso de que esa persona haya conseguido sobrevivir hasta entonces. En esos momentos, pese a estar viva, de pronto me siento paralizada”.

Amrita, Banana Yoshimoto