"Era invierno. Una hilera de bombillas desnudas, desprovistas del menor asomo de tibieza, iluminaba el pequeño andén azotado por el viento. Había llovido esa tarde, y en el edificio de la estación los carámbanos colgaban del alero como los malignos dientes de algún monstruo de cristal. El andén estaba desierto a excepción de una muchacha, joven y más bien alta, que llevaba un traje de franela gris, un impermeable y una bufanda de cuadros escoceses. Su pelo, primorosamente peinado con raya en medio, era de un brillante color castaño. Aunque tenía el rostro tirando a enjuto, resultaba atractiva, pero no demasiado. Entre sus cosas, además de un surtido de revistas y un bolso de ante gris con unas complicadas letras de bronce que deletreaban Kay, destacaba notablemente una guitarra acústica de color verde.
El tren emergió de la oscuridad, arrojando vapor deslumbrante de luz, y se detuvo en el andén. Kay reunió su parafernalia y subió al último vagón.
El vagón era una reliquia: gastados interiores, viejos sillones de felga roja muy raídos, y unas descortezadas molduras color yodo. La antigua lámpara de cobre que colgaba del techo parecía fuera de lugar y le daba un toque romántico. En el aire flotaba un humo totalmente lóbrego, y la calefacción acentuaba el olor rancio a bocadillos abandonados, corazones de manzana y mondaduras de naranja."

Un árbol de noche, 1945, Truman Capote

Dios, releo y releo y releo esto y me entran unas ganas de hacer una sesión de fotos basándome en ello horribles.