" Tal vez la mayor belleza de una foto esté en lo que se niega a decir. Para empezar, la foto omite la presencia del fotógrafo, que se sitúa siempre, o casi siempre, fuera del cuadro, como un cazador a la espera de su presa. El objetivo de la caza no son las figuras incluidas en la foto ni tampoco lo que hay más allá de ellas, sino nosotros, ahora. El objetivo de la caza somos las personas que miramos, sin saber desde qué lugar de la realidad el fotógrafo esta apuntándonos, desde qué punto exacto del pasado. La foto ha suspendido el tiempo. Pero nosotros somos el tiempo. Ha creado una historia, pero nosotros somos, de algún modo, esa historia. Al apretar el obturador, el fotógrafo cree haber visto algo que merece ser inmovilizado en un pequeño fragmento de eternidad. Lo que él ve, sin embargo, no es siempre lo que se ve. Entre el movimiento de su índice y el pestañeo del diafragma se oye, durante una fracción de segundo, la respiración del azar. Sin el azar, la foto no sería lo que es. Los mejores fotógrafos son los que aprenden a domesticar ese azar, adivinando lo que va a suceder dentro del cuadro en el relámpago, que media entre la presión de su dedo y el ojo de la cámara que se abre. "

extraído del libro Cabárceno, de Marina Cano.